Guadalajara y sus conflictos por el agua
Fuente; MARIO EDGAR LÓPEZ RAMÍREZ (La Jornada)
El pasado 22 de marzo se celebró el Día Internacional del Agua. Para la zona conurbada de Guadalajara, este tema de celebración mundial adquiere sus propios tintes locales. El agua se ha ido convirtiendo, paulatinamente, en un asunto central en la agenda de la ciudad, no sólo por el crecimiento exponencial y desordenado de la urbe o por el cúmulo de intereses políticos y económicos que se involucran en la asignación de las grandes obras de infraestructura hidráulica, sino porque cada vez más diversos sectores de la ciudadanía se ven envueltos en conflictos sociales que tienen relación con la deficiente gestión pública del agua. Tres casos recientes, de gran envergadura, nos refieren las particularidades conflictivas que entre los distintos niveles de gobierno de Jalisco y la sociedad tapatía se han presentado teniendo como eje al tema del agua, a decir: la construcción de la presa en Arcediano (escenario de importantes movilizaciones sociales y de una amplia cobertura mediática durante los últimos cinco años), la contaminación urbana e industrial del río Santiago (con la consecuente afectación para la salud pública de las poblaciones de Juanacatlán y El Salto, situación que se ha convertido en un verdadero clamor social), y finalmente, la destrucción de la zona de recarga de la cuenca hidrológica de Los Colomos, que incluye al río Atemajac, afluente que ha sido reducido a la categoría de canal (situación producida por los intereses de grandes compañías desarrolladoras, cuya depredación del bosque ha generado la movilización de los vecinos de las colonias de clase alta, aledañas a Los Colomos). Ninguno de estos ejemplos es un caso menor, y los tres en su conjunto forman ya parte de la historia de los conflictos ambientales por el agua más conocidos de la zona conurbada de Guadalajara. No obstante, no son los únicos en esta historia conflictiva. En el pasado reciente, por ejemplo, el lago de Chapala concentró la atención de la ciudad, debido a sus periódicas reducciones de volumen, que colocaban al vaso lacustre en una continua crisis. Las crisis del lago de Chapala fueron la antesala de los actuales conflictos por el agua, ya que dieron origen a cierta reacción social organizada en torno a la defensa del lago. No obstante, nunca alcanzaron el grado de movilización ciudadana que actualmente se registra. Es más, es interesante documentar que, pese a seguir siendo la principal fuente de abasto de la ciudad (ya que el 70% del agua de Guadalajara depende del lago de Chapala, según cifras oficiales), las paulatinas crisis del lago se han ido desdibujando del énfasis gubernamental, del seguimiento mediático y, por lo tanto, de cierta parte de la conciencia ciudadana (¿existieron en realidad estas crisis o fue una información manejada a conveniencia?, se preguntan algunos; “no”, dicen otros, “lo que pasa es que hoy en día el agua de Chapala está siendo mejor manejada por el gobierno”). Lo cierto es que el caso del lago no ha llegado a ser tan polémico como lo son Arcediano, el río Santiago y Los Colomos; es decir, mientras más pasa el tiempo, el tono de las protestas ciudadanas por el agua en la ciudad de Guadalajara ha ido en ascenso.

